El cazador de memorias
§ Más de 60 años de fotografías recogen la historia de Costa Rica, el talento y la pasión de Francisco Coto.
Nació en Alajuela en 1924, pero fue por ahí de
los años cuarenta que su primera cámara, un regalo de su tía Julita Fernández
de Cortés en la finca de “Los Cartagos” despertaría la pasión que hasta hoy
siente por la fotografía. Francisco Coto Fernández y su primera cámara hicieron
su debut frente a una erupción matutina del volcán Poás, para luego seguir
capturando con imágenes lo que en ese entonces era su realidad.
Ya no recuerda con qué fotografía su pasatiempo se convirtió
en profesión, pero sí recuerda que en 1947 con 23 años de edad, barba y bigote;
y tras terminar un curso a distancia en una escuela de fotografía en California,
su “Tashi Alemana” lo llevó a abrir un pequeño estudio frente a lo que era
Uribe y Pages, en el corazón de San José. Allí se mantuvo hasta 1969 cuando
traslado su centro de trabajo a Barrio Aranjuez por 20 años más.
Cada paisaje o retrato era para él la esencia de un recuerdo
impresionante. A través del lente de su cámara las escenas más comunes
comenzaron a convertirse en imágenes majestuosas, trozos de historia.
Este hombre tranquilo, amante de la naturaleza –como se
describe a sí mismo- se dedicó a cazar la belleza de Costa Rica desde todos sus
ángulos.
Preparar
el rollo, encontrar buena luz, calcular la distancia hasta su objetivo,
preparar el equipo, colocar el diafragma según la luz, todo a puro “ojímetro”,
calcular, calcular, calcular.
Con su cámara conquistó playas, desfiló junto a los faroles
en 14 de setiembre, monumentos de figuras históricas se descubrieron frente a
su lente, los edificios icónicos de San José como el correo y el Teatro
Nacional modelaron para él. También se adentró en la escena de barrio, en el
día a día de pulperías y cantinas o los fines de semana especiales de
matrimonio y primera comunión.
Dentro de tanta fotografía varias sobresalieron y llevaron a
don Francisco a convertirse en toda una personalidad de la fotografía
costarricense, entre esas la foto de Kennedy en el Teatro Nacional o la
erupción del volcán Irazú a inicios de los sesenta; para él de sus mejores
trabajos.
Para nuevas cámaras, nuevos paisajes. Si bien don Francisco
se concentró en retratar la belleza de su país de origen, él y su familia
siguieron siempre los antojos y el hambre de más que tenía su cámara. Recorrió
todo Centroamérica y Panamá.
Su esposa María Virginia Elizondo acompañó y admiró a este
“guapo y amable” fotógrafo durante sus viajes de caza de imágenes e incluso
trabajó junto a él durante más de 25 años. Sus hijos Celia, Alberto, Cinthia y
Yamil fueron compañeros de aventura y a ratos también modelos para las pruebas
de luz y nuevos equipos.
Cada viaje, cada sacrificio, cada cálculo valía la pena
cuando al revelar el rollo todo salía a la perfección. Muchas de sus
fotografías cobraron vida, y convertidas en tarjeta postal recorrieron el mundo
representando la belleza de los paisajes costarricenses.
Hoy después de más de 60 años de trayectoria don
Francisco ha convertido la fotografía y la historia en su legado no solo para
su familia si no para todo aquel que quiera cazar un trozo de memoria.
Sus días de caza poco a poco se han ido reduciendo.
Don Francisco Coto considera la foto a Kennedy y las imágenes
de la erupción del volcán Irazú como sus mejores obras. Fuente: Foto Coto
Pero su obra no desaparece. Como esponjas tres de sus cuatro
hijos absorbieron su talento y pasión
por la fotografía. Agradecidos por tan basta herencia y con el único propósito
de mantener vivo el pasado de una Costa Rica que de manera incansable don
Francisco se dedicó a capturar, nace la “Fundación Francisco Coto”, presidida
por su hijo Alberto Coto.
Desde la creación de la fundación, 88 mil negativos que
atesoran el trabajo de su vida han sido recuperados. Cada uno un suspiro de
memoria, todos juntos un recorrido por la historia.
Para reconocer sus fotografías por proporcionar “un
testimonio histórico cultural de la sociedad costarricense” se le galardona con
el premio del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS).
Es por esto, que la familia Coto -representada con el nombre
de la fundación- en conjunto con el Museo Nacional decidió exhibir bajo el
título de “Cazador de memorias” 150 fotografías que encierran entre tinta y
papel 50 años de la historia costarricense. El pasado tecnológico también formo
parte del primer proyecto de la fundación; alrededor de 50 objetos, entre
cámaras e instrumentos de revelado y retoque llenaron vitrinas del ala oeste
del museo.
Del
9 de diciembre del 2011 al 16 de septiembre del 2012 este compilado de
fotografías, declarado de “Interés Cultural” por parte del Ministerio de Cultura,
llenó de nostalgia a quienes se permitieron rememorar su pasado durante las
visitas guiadas o alguna de las tertulias organizadas para hablar de “aquellas
épocas”.
Durante más de
6 décadas y a sus 89 años de vida don Francisco se ha dedicado a cazar
recuerdos de la historia de Costa Rica. Fuente: Foto Coto
Muchos de los visitantes también fueron protagonistas de la
exposición. Abrir el espacio para que los interesados enviaran sus fotografías permitió
mostrar los días de celebración de muchas familias, hechos recuerdo gracias a
hábil lente de don Francisco.
Una de ellas fue Mariela Bermúdez, quién tuvo la oportunidad
de ver exhibido uno de sus recuerdos de
primera comunión. Con unos once años y un vestido cargado de adornos recuerda
haber llegado llena de ansias al estudio de don Francisco en San José, para
fotografiar un momento crucial en la vida de todo niño católico de la época y a
la vez obtener una linda imagen que convertida en estampita sería canjeada por
el dinero de sus familiares.
Así como sus fotos, el cuerpo de don Francisco se ha
avejentado. Con 89 años de edad el gris ha teñido su barba y bigote, su
“ojímetro” ahora requiere el apoyo de lentes para mantener la nitidez y su
trípode ya no se apoya firme sobre el suelo, ahora el brazo de su silla de
ruedas sostiene el peso de su cámara, la implacable cazadora.
Obtener una buena fotografía ya no requiere de cálculos y
largos proceso de revelado, don Francisco se adaptó con gran destreza al uso de
cámaras digitales, su trabajo se volvió más sencillo.
Foto Coto –el estudio- ahora lo dirigen sus hijos Celia y
Yamil quienes con frecuencia se encuentran fotografiando a los hijos de quienes
solían ser clientes de su padre.
La fundación continúa con la tenaz labor de rescatar la obra
de Francisco Coto.
Recoger dinero para la elaboración de una monografía
fotografía, que encierre entre tapas de cartón los recuerdos de “Cazador de
memorias”, así como la exhibición de paisajes costarricenses en la exposición
“La gente más feliz del mundo” en Italia; son parte de las labores que hoy
desempeña la fundación.
Don Francisco por su parte, aún permanece ligado a una
cámara. Lleno de entusiasmo y deseoso de continuar elaborando estudios
fotográficos a personalidades políticas y culturales del país. Adriana Collado
y Guido Sáenz han sido de los primeros privilegiados por el lente de este
experto fotógrafo.
La paciencia ha hecho de don Francisco un muy buen
fotógrafo, porque sí, así se describe. Y no dejará de serlo, el seguirá siendo
el cazador de memorias.




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